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Inmuebles muy rebajados y Fábula del Maestro, el Aprendiz y la Vaca

Adjunto os enviamos inmuebles muy rebajados, en la localidad de Montijo, Lobón y Puebla de la Calzada.

Pulsando sobre el link, pueden ver, fotos, vídeos y ficha de las características de los inmuebles.

Igualmente les invitamos a la lectura de la Fábula del Maestro, el Aprendiz y la Vaca. Esperamos que les guste tanto como a nosotros.

 

Casa en Lobón por 62.000 €

 

http://www.inmobiliariacolon.es/vivienda/1136/lob%EF%BF%BDn/casa_en_lobon_836042.html

 

 

Casa en el centro de Puebla. Reformada.

 

http://www.inmobiliariacolon.es/vivienda/1136/centro/casa_en_puebla-de-la-calzada_852090.html

 

 

Casa de campo en Montijo por 56.000 €

 

http://www.inmobiliariacolon.es/vivienda/1136/valle/casa-de-campo_en_montijo_826232.html

 

 

Casa económica en Puebla de la Calzada por 57.000 €

 

http://www.inmobiliariacolon.es/vivienda/1136/calzada-romana/casa_en_puebla-de-la-calzada_644729.html

 

 

Nave en Montijo. Financiable 100 % por 36.000 €

 

http://www.inmobiliariacolon.es/vivienda/1136/valle/solar_en_montijo_750763.html

 

 

El maestro, el aprendiz y la vaca

 

 

Un viejo maestro paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Llegando, constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera…

 

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

 

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco”. El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden: Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante años.

 

Pasado el tiempo, el joven, agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos. Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

 

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Sorprendido, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió”. El hombre continuó relatándole cómo su primera reacción ante la muerte de la vaca había sido de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la vaca había sido su única fuente de sustento. “Sin embargo”, continuó el hombre, “poco después de aquel trágico día, decidimos que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Así que decidimos limpiar algo del terreno de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y decidimos sembrar vegetales y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos. Después de algún tiempo comenzamos a vender algunos de los vegetales que sobraban y con este dinero compramos más semilla y comenzamos a vender nuestros vegetales en el puesto del mercado. Así pudimos tener dinero suficiente para comprar también algunos animales. En poco tiempo además pudimos comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. A raíz de la perdida de nuestra vaca, nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”

 

Muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a “sobrevivir” dentro de nuestra zona de confort. Tenemos nuestra “vaca” o pequeñas “vacas” , que aunque flacas y débiles, nos alcanzan a dar lo necesario para “irla llevando”. Esa vaca, que puede ser tu empleo actual, tu negocio, una herencia, tu pareja, tus padres, la renta de algún bien, o cualquier otra cosa que nos mantiene limitados en nuestro crecimiento y desarrollo personal. Preferimos jugar “a lo seguro” antes de arriesgarnos a ganar más. ¿Cuáles son tus “vacas”? ¿Las identificas? Tal vez sea el tiempo de enviarlas al barranco, exigirte más, obligarte, incomodarte y orillarte a ponerte en movimiento y así darte la oportunidad de desarrollar otras habilidades, crecer, ampliar tus horizontes y seguir tu camino hacia convertirte en la auténtica persona que estas llamada a ser.

 

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